• 11/01/2026
  • Julio Cesar Gonzalez Rivas
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Con el comienzo de un nuevo año, muchas personas sienten que es el momento ideal para hacer cambios postergados: moverse más, comer mejor y prestar mayor atención a la salud. El verano, con sus días largos, temperaturas más cálidas y rutinas más flexibles, suele convertirse en el escenario elegido para iniciar ese proceso.

Especialistas en nutrición, medicina clínica y actividad física coinciden en que esta etapa reúne condiciones favorables para adoptar hábitos más saludables, siempre que el objetivo no sea la perfección ni los cambios drásticos, sino la construcción de conductas sostenibles que puedan mantenerse durante el resto del año.

“La mayoría empieza enero con mucha motivación, pero el problema aparece cuando se intenta cambiar todo de golpe”, explicó la médica especialista en Medicina Interna y Nutrición Marianela Aguirre Ackermann, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición. Según señaló, el error más frecuente es pensar la salud desde la exigencia y no desde lo que el cuerpo realmente puede sostener en el tiempo.

En la misma línea, el médico clínico Ignacio Gutiérrez Magaldi, jefe del Departamento Clínico Adultos y subdirector médico de Desarrollo de la Clínica Reina Fabiola (Universidad Católica de Córdoba), afirmó que los hábitos cotidianos tienen un impacto determinante sobre la salud general, incluso por encima de muchos factores genéticos. “La evidencia de la Medicina del Estilo de Vida muestra que pequeñas acciones sostenidas pueden prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida”, indicó.

Por qué el verano ayuda a cuidarse mejor

El contexto estacional juega a favor. El calor suele reducir el apetito por comidas pesadas, aumenta el consumo de líquidos y facilita el acceso a frutas y verduras frescas. Además, el mayor tiempo de luz solar influye positivamente en el estado de ánimo y favorece la producción de vitamina D, un nutriente clave para la salud ósea y muscular.

Para la profesora de Educación Física y especialista en Medicina del Ejercicio y Salud Claudia Lescano, el verano también disminuye las barreras psicológicas para el movimiento. “Los días más largos permiten entrenar temprano o al atardecer, y quienes están de vacaciones suelen experimentar menos estrés, lo que mejora la recuperación y la predisposición al ejercicio”, explicó.

Estudios citados por los especialistas indican que la actividad física regular y el contacto con entornos naturales se asocian con una reducción de síntomas de ansiedad, depresión y estrés, además de beneficios cardiovasculares y metabólicos.

El valor de los chequeos preventivos

Otro aspecto que muchas personas aprovechan durante esta época es la realización de controles médicos. Los chequeos básicos recomendados incluyen medición de la presión arterial, análisis de laboratorio, evaluación del peso corporal y controles específicos según la edad y el sexo.

“Detectar a tiempo factores de riesgo permite intervenir con cambios en el estilo de vida y, en muchos casos, retrasar o evitar tratamientos farmacológicos”, destacó Gutiérrez Magaldi. En quienes planean iniciar actividad física intensa, también se sugiere una evaluación cardiovascular previa.

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