En la Lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, con la categoría de “vulnerable”, el oso polar ha sorprendido a los científicos por su resiliencia en el Ártico, tras constatarse el aumento de su peso y la mejora de su condición corporal.
Los osos polares son capaces de cazar durante todo el año: se alimentan intermitentemente en función de las presas que pueden capturar y son capaces de aguantar períodos largos de tiempo sin comer, pero el hielo marino de la zona “se derrite cada vez antes en primavera y se forma más tarde en otoño”, por lo que “la dificultad para conseguir alimento los lleva a una situación crítica”, según explican expertos de WWF en su web.
Algunos ejemplares, precisa la organización conservacionista, sufren de desnutrición “especialmente en el sur de su área de distribución” y “más aún las hembras con cachorros”, una situación a tener en cuenta especialmente este viernes, Día Internacional del oso polar.
El caso de Svalbard
Un reciente estudio de científicos del Instituto Polar Noruego publicado en ‘Scientific Reports’ sobre la población de osos polares en el archipiélago de las Svalbard, en pleno mar Glacial Ártico, ha certificado que los de esta región han incrementado su masa y su grasa corporal desde el año 2000.
“El aumento de la condición física durante una pérdida significativa de hielo marino fue una sorpresa”, reconocía el investigador principal, Jon Aars, teniendo en cuenta que en el caso de estas islas la situación es especialmente complicada para la especie: en esta zona del Ártico se ha perdido hielo marino a una tasa de cuatro días por año, más del doble que en otras áreas con presencia de este animal.
Según la investigación, la clave para su supervivencia radica en el cambio de dieta que ahora no sólo incluye las focas anilladas, sino renos, morsas o huevos de aves: los osos buscan en tierra firme lo que no encuentran sobre el hielo.
