La reconocida politóloga y socióloga Rosario Espinal analizó el reciente anuncio del acuerdo que permitiría a personal militar de Estados Unidos operar desde el Aeropuerto Internacional de Las Américas y la Base Aérea de San Isidro, señalando que se trata de un movimiento dentro de un contexto geopolítico mayor marcado por lo que denomina “neoimperialismo”. Según explicó, este tipo de acciones no deben evaluarse de manera aislada, sino como parte de una estrategia de Washington para reafirmar su control sobre la región.
Espinal subrayó que el acuerdo —que aún no ha sido detallado públicamente— envía un mensaje claro de que Estados Unidos continúa considerando el Caribe y Centroamérica como parte de su esfera de influencia. Comparó el momento actual con el de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la nación norteamericana consolidó su poder imperial con intervenciones directas en Cuba, Puerto Rico, Filipinas, República Dominicana, Haití y Nicaragua.
La analista recordó que la historia regional ha estado marcada por ciclos en los que las potencias utilizan dos tipos de influencia: la “zanahoria”, que representa el poder suave, y el “garrote”, equivalente al poder duro. A su juicio, la política exterior estadounidense bajo Donald Trump ha retomado elementos más agresivos del poder fuerte, lo que reduce notablemente los márgenes de maniobra de países pequeños como República Dominicana.
Espinal fue enfática al señalar que la noción de soberanía absoluta es una “ficción” en la actualidad. Expuso que, si bien los países pequeños pueden experimentar períodos de mayor autonomía cuando predomina el poder blando, esa sensación desaparece en momentos en que la potencia dominante adopta una postura más coercitiva. En este contexto, insistió en que la soberanía dominicana está inevitablemente condicionada por la relación estructural que mantiene con Estados Unidos.
En cuanto al debate interno sobre si el acuerdo debió someterse al Congreso, la politóloga consideró que, incluso si así fuera, el resultado probablemente no cambiaría. Recordó que el Congreso está controlado por el partido oficial, y aun cuando hubiera una mayor presencia opositora, esos partidos también tenderían a alinearse con los intereses estadounidenses. A su juicio, el margen político para rechazar una solicitud de Washington es prácticamente inexistente para cualquier administración dominicana.
